Nosotros

“Tras el vivir y el soñar,

está lo que más importa: el despertar”.

Antonio Machado

Somos Ángeles Soto y Álvaro González y os damos la bienvenida a Sendero a la Nada y nuestro centro El Árbol de las 10.000 hojas.

Ángeles Soto se dedica desde hace más de 20 años a impartir cursos como profesora de Auto-Conocimiento y Hermetismo. Tiene amplios conocimientos en simbología tradicional, hermenéutica espiritual y psicología del Auto-Conocimiento, además de estar versada en el estudio de la interpretación y significado de los sueños. Es autora del libro Sueños: Las 3 claves maestras: el Camino del Despertar a través de los sueños.

Álvaro González lleva casi 10 años dedicándose a impartir cursos de Auto-Conocimiento y Meditación. Desde hace varios años escribe libros y artículos sobre temas relacionados con la espiritualidad tomando siempre como referencia y soporte las fuentes tradicionales. Es autor de Didáctica de la Meditación: El Arte de la Meditación y la Atención Consciente en el Camino del Autoconocimiento y de La Búsqueda Espiritual: Camino que construye al Alma. Ocasionalmente edita la revista Sendero a la Nada, dedicada a diversas temáticas espirituales.

En nuestra escuela de Auto-Conocimiento El Árbol de las 10.000 Hojas (en Tarragona) nos dedicamos, teniendo como base las enseñanzas tradicionales de todos los lugares y épocas, a dar un Conocimiento que nos ayude a entrar en la senda de la Iniciación, el Trabajo en el Auto-Conocimiento. Nuestro anhelo, que compartimos con nuestros alumnos, es el Despertar de la Conciencia.

¿Qué es la Iniciación y qué es el Auto-Conocimiento? Podemos decir que la diferencia entre estos dos conceptos -Auto-Conocimiento e Iniciación-, estriba en que el primero es el proceso a través del cual llegamos al segundo, la Iniciación.

El Auto-Conocimiento es el “proceso de reconocimiento de la Unidad”. Nos referimos a que conocerse a sí mismo o más bien comenzar a trabajar sobre uno mismo para llegar al auto-conocimiento, nos sumerge en toda una experiencia extensa en el tiempo, en la que vamos a ir reconociendo, poco a poco, que formamos parte de una Unidad Consciente que todo lo abarca. La Unidad es la totalidad del Ser divino, es decir, es la Divinidad en la cual no existe separación alguna. Una de las premisas, por lo tanto, dentro del Auto-Conocimiento, si queremos llegar a la Iniciación, es darnos cuenta de que formamos parte de un todo indivisible y que participamos de ello desde el origen de nuestros días y que seguiremos formando parte de ello, queramos o no, nos demos cuenta o no.

Por lo tanto el Auto-Conocimiento es Participación, pero consciente. Participar de esa Unidad que todo lo abarca es inevitable, somos parte de ello, no hay escapatoria posible. Pero hacernos conscientes de esa realidad es algo que depende de nosotros. Dentro de la Filosofía siempre han existido las preguntas esenciales que el ser humano debe de formularse a sí mismo si quiere llegar a conocerse: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿cuál es el sentido de la vida? Es lamentable que no conozcamos estas respuestas y que tampoco sepamos de qué formamos parte.

Según la Tradición formamos parte de una realidad inmensa, grandiosa, llamada de diferentes formas en las diversas religiones o filosofías: Unidad, Totalidad, Absoluto, Tao, Divinidad, Seidad, Alá, Dios, Brahma, Infinito, Universo, Energía, etc.  No importa como lo llamemos, lo realmente importante es que no somos conscientes de esa Realidad. Como la Tradición sostiene, el ser humano no es consciente de formar parte de esta realidad porque “duerme”. Tiene la Conciencia dormida. Por eso tan importante y tan insistente el tema de Despertar Conciencia. El Despertar de la Conciencia es la Iniciación. La Iniciación es pasar de un estado -tener la Conciencia dormida-, a otro estado totalmente diferente -tener la Conciencia despierta, estar Despiertos-.

El camino hacia ese Despertar de la Conciencia es el Camino Eterno, el Sanatana Dharma, la Tradición Primordial, la Religión Eterna, del cual devienen el resto de Tradiciones espirituales, religiones, filosofías y místicas de los diversos pueblos y tiempos. La Tradición del Auto-Conocimiento es la que nos va a permitir conocer y desarrollar todas las potencialidades de nuestro propio Ser, haciéndonos conscientes de esa Participación con el Todo Absoluto, con la Divinidad.

La Tradición es el esplendoroso tronco de un árbol de infinitas y frondosas ramas y hojas (las escuelas herméticas, religiones, etc.). La Tradición está representada por las Maestras y los Maestros que despertaron Conciencia y entregaron su conocimiento a la humanidad. El Conocimiento que surge de la Tradición es atemporal, y esto significa que su mensaje siempre es actual y, al mismo tiempo, actualizado constantemente. Los Maestros y Maestras, conocedores de la universalidad del Conocimiento Divino, siempre han trascendido las formas doctrinarias de su religión o escuela de conocimiento.

Calderón de la Barca era plenamente consciente de la importancia de esta realidad cuando nos decía lo siguiente en su magnífica obra La vida es sueño:

“¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ficción,

una sombra, una ilusión,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

“En mundo tan singular,

que el vivir sólo es soñar;

y la experiencia me enseña

que el hombre que vive,

sueña lo que es,

hasta despertar.”

Despertar es Despertar la Conciencia, es recuperar nuestra dimensión espiritual, largamente apartada por nosotros mismos desde el desconocimiento y la ignorancia. Despertar Conciencia es integrar a nuestro propio Ser real interior profundo, integrar nuestra naturaleza divina y obtener la hegemonía de la totalidad de lo que somos. Es obtener respuestas claras y diáfanas a las eternas preguntas de la Filosofía.

Claro que esto no se logra de la noche a la mañana; el proceso del Auto-Conocimiento es progresivo. Y requiere de nosotros, entre otras cosas, lo más importante: que sintamos la necesidad, el anhelo de conocernos a nosotros mismos, de Despertar. Quien no tiene realmente esa aspiración profunda arraigada en lo más recóndito de sí mismo no obtendrá nada. La necesidad, el anhelo de buscar y conocerse a sí mismo es una apetencia o aspiración inherente a nuestro propio Ser interior, y se tiene o no se tiene. El anhelo no se puede fabricar, no se puede obtener, forma parte de la realidad de uno mismo.

Pero no todas las personas tienen esa búsqueda, esa tendencia innata hacia lo espiritual; para ellos los caminos son otros, tan válidos y legítimos como el espiritual. Por eso no se puede convencer a nadie de que conocerse a sí mismo es lo mejor que pueden hacer en su vida. Esto sólo es cierto para aquellos que sientan esa necesidad y busquen el Despertar.

Hay un axioma en la Tradición que dice: “Un fragmento de una realidad es contenedor de su totalidad”. Como los antiguos alquimistas medievales decían, hay que tener una pequeña porción de oro para poder obtener más oro. El anhelo espiritual es esa pequeña porción de oro, ese fragmento de realidad que se tiene en el interior, para poder desarrollar, para hacerlo germinar, y florecer en el Camino del Despertar de la Conciencia. Ese fragmento de realidad, esa búsqueda interna, nos promete la integración en la Totalidad Universal, en la Unidad Consciente de la que formamos parte.

Hay que decir además, para evitar errores debido al uso del término Auto-Conocimiento, que éste es un sistema para conocernos a nosotros mismos, pero que no consiste en acumular datos o conocimientos externos determinados para obtenerlo -aunque en parte también sea así-. El inicio y la base fundamental de Auto-Conocimiento se da precisamente en el vaciar, no en el añadir más datos intelectuales. El auténtico Auto-Conocimiento se produce en nosotros cuando comenzamos a deshacernos o vaciarnos de la multitud de datos acumulados en nuestra psiquis; sobre todo aquellas formas de pensamientos o conceptos relacionados con nosotros mismos, con los demás y con lo que nos rodea, que normalmente son parciales o erróneos. Cuando vamos haciendo esto, además de producirse en nosotros todo un proceso de compresión, logramos desenterrar de nuestro interior los auténticos valores arquetípicos, esenciales, ontológicos, que nos definen como seres conscientes, participantes de la Totalidad, de la Divinidad. Y comenzamos a Despertar.

Aun así, tenemos que entender también que debido al estado de dormidez, de conciencia dormida, en el que nos encontramos, al inicio necesitamos una guía, un mapa, unas indicaciones que nos ayuden a encontrar el Camino que tan anheladamente buscamos. Por eso se habla en la Tradición de que, aunque el Auto-Conocimiento sea un proceso de vaciarse interiormente, tenemos, no obstante, que añadir algunos medios que nos ayuden a ello. Ya sean medios intelectuales, materiales o psíquicos, necesitamos una guía, una didáctica y una dialéctica precisas, en definitiva, un conocimiento concreto, para llegar al Auto-Conocimiento.

Hay muchas formas de acercarse al Auto-Conocimiento, pero no todas son válidas. Desde los Antiguos Misterios Griegos y Egipcios, pasando por todas las Tradiciones Espirituales de todos los tiempos, para que un Conocimiento a nivel espiritual esté completo y nos permita desarrollar todas nuestras potencialidades y llegar al pleno Auto-Conocimiento de nosotros mismos y al Despertar de la Conciencia, necesita poseer entre sus postulados tres líneas de trabajo bien definidas y clarificadas. Estas tres líneas, llamadas también la Triple Senda del Despertar de la Conciencia, son las siguientes:

  1. El trabajo con la propia psicología.
  2. El trabajo de creación en nuestro universo interior.
  3. La solidaridad.
  • El trabajo con la propia psicología

El trabajo con la propia psicología, es decir, con nuestros propios pensamientos, emociones e instintos, implica la profundización en el conocimiento de nuestro interior. Es el estudio y el conocimiento, a fondo, de nuestro propio subconsciente. Tradicionalmente, a esta línea o senda se le ha llamado el trabajo con la muerte del ego. Es la disolución del no-soy. Es decir, el trabajo con la psicología implica el conocimiento de esas estructuras psicológicas, constituidas por formas de pensar, sentir y actuar mecánicas y repetitivas, que se han llamado ego. Ego, defecto, estructura psicológica o agregado psicológico. Este último nombre, agregado psicológico, es quizás la denominación más acertada, pues estamos hablando de una psicología que nosotros mismos nos hemos “agregado a nosotros mismos”. Estamos hablando de estados psicológicos como por ejemplo el miedo, la pereza, la vanidad, el derrotismo, la culpa, la desidia, la ira, el odio, etc…

¿Por qué se habla de eliminación o muerte del ego, por qué se habla de disolución del “no-soy”? Porque realmente esos estados psicológicos, llamados egos o agregados, no son nuestra auténtica naturaleza original. Los egos o agregados son algo que hemos aprendido y como tal podemos desaprender. El trabajo con la propia psicología implica el conocimiento de cómo funcionan esas estructuras psicológicas en nuestro interior; cuáles son las causas reales que las mantienen y que provocan su aparición; cuáles son los pensamientos y emociones asociados a estos estados y que los definen de por sí; y cuáles son los actos que provocan, tanto dentro como fuera de nosotros, en la interrelación con los demás. Conocer todo esto es lo hará que seamos libres de todos esos pensamientos y emociones que nos asaltan y dominan sin que nosotros hayamos decidido nada.

Desde siempre, la Tradición espiritual y filosófica nos ha exhortado a que nos conozcamos a nosotros mismos. “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses” se nos decía desde el frontispicio del Templo de Delfos en la Antigua Grecia; Sócrates elevaba el sentido de esta frase, el conocerse a sí mismo, a nivel filosófico, como un examen moral de uno mismo ante la divinidad y afirmaba que “una vida sin reflexión no vale la pena ser vivida”. Platón lo orienta hacia la verdadera sabiduría y Erasmo de Rotterdam dirá que es el inicio del filosofar en cuanto lleva a la conciencia humilde de “saber que no se sabe nada”. Agustín de Hipona, elevándolo también a Dios, dice que el fin de la vida es “conocerte y conocerme”. En ésa línea Ibn Arabi parafrasea constantemente el hadiz (enseñanza) “quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”.

El camino del Auto-Conocimiento parte inevitablemente de conocerse a sí mismo, de llegar a comprender todas las manifestaciones de nuestra psiquis: pensamientos, emociones, instintos y actos. El trabajo con la propia psicología es el primer factor, senda o línea de trabajo, que define a una auténtica Escuela de Conocimiento. Aquella que realmente nos acerque y enseñe el trabajo en las tres sendas del Despertar de la Conciencia.

  • El trabajo de creación en nuestro universo interior

Si la primera línea de trabajo es la muerte o eliminación del llamado ego o agregado psicológico, la segunda línea tiene que ser su contrario y complementario. La segunda línea, senda o factor, del Despertar de la Conciencia es el nacer o la creación de nuestro universo interior. El trabajo en esta línea se realiza a la par que el trabajo de eliminación del ego, y esto es así ya que el trabajo y los resultados de ambos factores dependen uno del otro. Dicho de otra forma, al trabajar en la compresión de cualquier estado psicológico o ego, éste va desapareciendo o disolviéndose poco a poco mientras vamos adquiriendo un conocimiento que se convierte en un pequeño nacer interior. Mientras más conozcamos nuestro subconsciente, más conscientes seremos; mientras menos oscuridad e ignorancia tengamos, más luz y sabiduría integraremos.

Además del nacer que se produce a raíz del trabajo de eliminación del ego, la creación de nuestro universo interior implica otras muchas cosas. Estamos hablando de una realidad mucho más amplia de la que nos imaginamos. Cuando hablamos, dentro del Auto-Conocimiento, de desarrollar todas las potencialidades de nuestro Ser interior, no nos referimos únicamente al conocimiento del subconsciente, con la consecuente obtención de cierta sabiduría más o menos profunda. Nos referimos, sobre todo, al desarrollo de la llamada anatomía oculta del ser humano.

Esa anatomía oculta estaría formada por los chacras, por los vórtices energéticos, por los nadis, canales o meridianos tan conocidos en la acupuntura china. Esta anatomía oculta o energética la constituiría además la famosa Kundalini de la Tradición hindú, los diferentes cuerpos existenciales del ser, entre ellos el cuerpo energético o áureo y el cuerpo astral. El estudio serio y profundo y el desarrollo de estas capacidades internas sería la creación de nuestro universo interior. El trabajo en el segundo factor del Despertar de la Conciencia, sería pues, el despertar de todas esas potencialidades y valores.

Abarcaría asimismo la integración de la Virtudes, tanto humanas como espirituales: la tolerancia, la serenidad, la templanza, la alegría, la fuerza, la responsabilidad, la diligencia, la paciencia, el amor consciente, etc. Además implicaría el desarrollo de facultades como la imaginación creadora, la inspiración y la intuición, los estados de dicha interior y de mística, la percepción de la plenitud consciente, de la infinitud, de la eternidad y de la felicidad.

Pero nada de ello sería posible sin el auxilio del tercer y último factor: la solidaridad.

  • La Solidaridad

La solidaridad es el tercer factor, la tercera línea de trabajo en el Despertar de la Conciencia. Y de las tres líneas es la más importante de todas. Esto es así porque la Solidaridad es el ser consciente de formar parte de un todo, de la Unidad Consciente y actuar en consecuencia. La Solidaridad es la entrega por la humanidad, por lo que el ser humano tiene de humano. En la Tradición, a este factor se le ha llamado siempre el “sacrificio por la humanidad”. Actualmente este término, sacrificio, no está muy bien visto, pero esto es así, fundamentalmente, porque se ha mal interpretado y se ha abusado de él. Solemos relacionarlo con renuncia, dolor, pérdida y sufrimiento. Si recurrimos a la etimología de la palabra descubrimos que su significado es muy diferente.

La palabra sacrificio proviene del latín sacro (sagrado) y facere (hacer), es decir, “hacer lo sagrado”. Por lo tanto el significado original de sacrificio es “oficio sagrado”. Y esto es realmente lo que significa, en toda su plenitud, el trabajo en el tercer factor: trabajar en lo sagrado, dedicarse al oficio más sagrado. Pero la pregunta que surge es ¿cuál es ése oficio? Para poder responder a esta pregunta tenemos que observar todo lo que nos rodea en este inmenso Universo y darnos cuenta de cuál es la tendencia, la directriz, la pauta fundamental que lo rige. Lógicamente, observar todo el Universo es harto difícil, sino imposible, pero podemos fijarnos simplemente en algo lo suficientemente grande y algo lo suficientemente pequeño, pero fácilmente alcanzables desde nuestro punto de vista y desde nuestro lugar de observación. Por ejemplo, el Sol y una pequeña flor.

¿Qué árbol se guarda para sí sus frutos?, se dice en la Tradición. Si observamos al Sol, sale cada mañana, ya sea que nos demos cuenta o no, y alumbra a todos por igual. En ningún momento vemos que el Sol o cualquier otro astro decida un día no salir y no alumbrar. El Sol es todo dar, darse incondicionalmente. Si observamos a una pequeña flor, vemos que hace lo mismo que el Sol, se da por completo, su fragancia, su color, su preciosa forma. Todo es un todo y constante dar. Sólo el ser humano se plantea el guardarse las cosas sólo para sí, el no dar, el no ayudar.

Podríamos alegar a este argumento que no es posible comparar al Sol o a una planta con el comportamiento de un ser humano. En la Tradición espiritual y hermética existe un axioma, atribuido a Hermes Trimegisto, que dice:

Verdadero, sin falsedad, cierto y muy verdadero:

lo que está abajo es como lo que está arriba,

y lo que está arriba es como lo que está abajo,

para realizar el milagro de Una Sola Cosa.”

Si partimos, según la Tradición, de que todo es Una Sola Cosa, es decir, que formamos parte de la Unidad Consciente, y si vemos que tanto lo que esta “arriba” -el Sol-, como lo que está “abajo” -la flor- participan de una misma dinámica, una misma función, un mismo “oficio”, deberíamos pararnos a pensar que quizás ese oficio es lo más sagrado que podemos llegar a hacer en la vida. El “sacrificio”, la solidaridad, por lo tanto, es lo que nos va a abrir o cerrar de forma definitiva las puertas al Auto-Conocimiento y a la Iniciación.

Ahora, cuando hablamos del “sacrificio” o solidaridad, ¿a qué nos estamos refiriendo en concreto? A su acepción más amplia y más completa. Es decir, entendemos la solidaridad o el “sacrificio por la humanidad” como el acto de darnos cuenta de que formamos parte de una Unidad Consciente, por lo tanto yo soy parte de esa Unidad y todo lo que me rodea, cosas, seres, personas, son inevitablemente parte de mí mismo. Así pues, ¿cómo es posible, si siento a los demás como parte de mí, que de alguna manera pueda dañar o negar la ayuda a otro? Esto no es posible cuando, poco a poco, se va integrando en nuestro interior esta consciencia de que formamos parte de una misma y Única Realidad.

Bien es cierto que no siempre vamos a sentir y percibir que formamos parte de esta Unidad Consciente, por lo tanto, ¿cómo ponemos en práctica la solidaridad, el “oficio sagrado”? De la forma más sencilla y cercana que podamos. No hace falta sentirse parte de otro para saber que ese otro tiene una necesidad y que tú puedes ayudarle. Simplemente sé consciente en todo momento y actúa en consecuencia, de tal manera que en cada momento sepas si puedes o no ayudar. Pues lo realmente importante es estar disponible para que esa ayuda, sea en la forma que sea, se viabilice gracias a ti.

Estos son los tres factores, sendas o líneas desde las que enfocamos el trabajo y enseñanzas en nuestra escuela. Estas tres líneas de trabajo son inseparables unas de otras; si alguna faltara, el Auto-Conocimiento no se daría, quedaría cercenado en gran parte, impidiéndonos así avanzar en nuestro camino. De hecho, de los tres, el último es el más importante, pues la Solidaridad o el “sacro-oficio” por los demás, la ayuda a nuestros semejantes es lo suficientemente importante para que constituya de por sí un valor superior. A través de él verificamos el resultado de nuestro trabajo en las otras dos líneas, es decir, en la comprensión de nuestros estados psicológicos más densos y en la integración de los valores y virtudes conscientes.

La Solidaridad ha sido llamada en la filosofía hindú Karma-yoga, el yoga de la “obras divinas”. Y eso es lo que se pretende con el Auto-Conocimiento y con la Iniciación: Despertar e Integrar nuestra realidad espiritual, para que todos nuestros actos, todas nuestras obras, tengan el sello de la Divinidad. Y eso sólo es posible desde el Karma-yoga, desde la Solidaridad, desde el “sacrificio o sacro-oficio por la humanidad”, o dicho de una forma más íntegra, más amplia, más completa, desde el Amor, el Amor Consciente hacia todos los seres.          

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