El quicio de la puerta

Formas sin contenido,

Ojos ciegos percibiendo sombras,

Lacerante interacción

Del ser humano con

La Unidad Múltiple

De la que es tallo.

¡Pero si la criatura no sabe tallarse

A sí misma, qué puentes esculpirá!

Hija desarraigada,

Siervo somnoliento,

Si supieras que el suelo que pisas,

La comida con que te nutres,

Y que el efímero cuerpo

Que te permite caminar

Son concesiones y no propiedades,

No vivirías cual paseante de un museo

Que se deleita con el producto ofrecido.

Te susurro un pequeño secreto:

Atiende desde el quicio de la puerta.

– Álvaro González

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