El que pierde, gana

Perder: Del lat. PERDERE íd. (derivado de DARE “dar”, con el sentido primitivo de “dar totalmente”).

Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas

“El que pierde, gana.” – Gnosis I, Boris Mouravieff

En esta sociedad del ganar, del reconocimiento social, de la búsqueda del progreso hacia algo mejor, no existe hueco para valores como la solidaridad, la tolerancia, la compasión o la dignidad. Aquellos valores que realmente nos hacen humanos han sido cercenados por la implacable acción del egoísmo más descarado, del egocentrismo más laureado. Tan hasta el tuétano se encuentran los antivalores del ego dentro de nuestras dormidas psiques, que ni siquiera somos conscientes de ése errático vagar por nuestra celda. Celda que, por cierto, percibimos como el más inspirador de los paisajes.

Sometidos, subconsciente pero voluntariamente, a la “ley del más” –acicate del ego-, nos convertimos en buscadores de herrumbre creyendo que hallaremos el más reluciente oro. Un oro que nos proporcionará seguridad, paz, sosiego, reconocimiento, felicidad permanente… ¡Pero todo eso no es más que el producto de una psique oxidada!

Como dicen los Sabios, la existencia es el eterno dinamismo de las fuerzas opuestas que chocan, crean, destruyen, uniéndose en el Amor que aprendieron de lo preexistente. “Todo es guerra”, como avisa Heráclito. Certidumbre o Permanencia son instantes que las misericordiosas Incertidumbre e Impermanencia ofrecen a aquellos que no posan sus pies sobre los inexistentes suelos del vacío iluminador.

Y en ésa búsqueda del progresar, del ir a más, se enmudece la voz que guía al peregrino hacia la pobreza de Espíritu, se cuartea el frío Corazón que ya no palpita ardiente cuando siente la fragancia de la Divinidad, ya no percibe la Belleza que todo lo imbuye. Los puentes demolidos, las puertas selladas, las columnas rotas…

“¡Cuán difícilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios.” – Lucas, 18:24-25

Ricos son los que progresan; ricos son los que van a más; ricos son los que hacen todo a su imagen y semejanza; ricos son los que se aman a sí mismos; ricos son los que no vivencian su indigencia ontológica, su dependencia divinal. Rico es el que gana todo y se lo queda.

¿Y quién es el pobre de Espíritu? Quien se sabe servidor y no maestro; quien se sabe vulnerable, falible e indigente; quien halla la Belleza en la más marchita de las flores; quien no se ama a sí mismo y se convierte en dádiva del Amor; quien trae la Espada para hacer la Guerra; quien es ardiente en el anhelo del Espíritu; quien lo da todo (perdere), absolutamente todo, lanzándose al vacío confiando, sencillamente confiando. Pobre es el que da todo y nada deja para sí.

El Camino es para los que dan todo. Es para los que pierden. Y quien pierde, gana.

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