Sendero a la Nada

ABC Color

En ése vaivén que nos arrastra sin cesar… Aquella ola que engulle todo sin miramiento. ¿Qué es? ¿De dónde viene? Como una montaña inalcanzable cuya cima no puede vislumbrarse… ¿Qué habrá en ésa cima? Todo está entremezclado, una maraña de visiones reales e irreales, difíciles de comprender, de asir, de penetrar… ¿Qué son ésas visiones? ¿Cuál es su origen?

Ante toda esta fría inseguridad, se busca cobijo… y se hiberna una eternidad, esperando que el frío se vaya, haciendo tiempo para que llegue la primavera, el calor, el florecimiento de todo. Pero ésa primavera nunca llega. Y cuando se descubre que nunca llega, la pesadumbre se apodera de los corazones. Y el corazón, que no comprende el porqué de tal pesadumbre, grita lo más fuerte que puede, diciendo: “¡El frío no existe!”

Un día, alguien se asoma fuera de su cobijo. Miedoso por encontrarse con el frío monstruo que todo lo cambia, que acecha detrás de la incertidumbre y el vacío, ése alguien se da cuenta: ¡No hace frío! ¡Su corazón tenía razón!

El cobijo en donde hibernaba, repleto de parapetos, paredes y toldos, de repente, ya no es un lugar caliente y seguro. Ahora es una prisión, un castillo de arena, una nube cincelada por los vientos de lo infinito… ¿Cómo pudo estar viviendo ahí con la riqueza que se encuentra allá fuera? ¿O es allá dentro? Un Misterio…

En su paseo por aquel lugar misterioso, ése alguien, un alma curiosa, anhelante, se sintió plena en el vacío, segura en lo incierto, grande en lo pequeño y pequeña en lo grande. Y a su vez, no era nada… Pisada sin huella, huella sin pisada, forma sin sombra, sombra sin forma, mensajero sin mensaje y mensaje sin mensajero. Y a veces, ¡todo eso al mismo tiempo!

Nada había por hacer porque todo está hecho, y todo por hacer porque todo está por rehacer.

Siguiendo su paseo, el alma se encuentra con una voz que le habla internamente -¿o era externamente?-:

-¿Hacia dónde vas? –le pregunta la voz.

-No lo sé. –responde el alma con sinceridad.

-¿Qué es lo que buscas?- insiste la voz.

-Tampoco sé eso. –contesta el alma.

-Muy bien. Puedes seguir tu camino, pero solo con una condición: no dejes nunca de caminar. –Indica la voz.

-Muchas gracias, así lo haré. –el alma prosigue su ruta.

El lugar misterioso, por sí mismo, daba respuestas al alma caminante, y habría nuevas sendas, siempre dispuestas a ser transitadas. Pero en cierto momento todo se volvió oscuro: no se veía nada. Tampoco había detrás o delante, arriba o abajo, derecha o izquierda. El alma recordó las palabras de la voz: seguir caminando. No sabía nada, no había lugar donde sujetarse, cómo orientarse, qué preguntar… Surgió en el alma la posibilidad de volver a construir el viejo cobijo, y cuando estuvo a punto de hacerlo, empujado por su anhelo, desechó la idea y continuó caminando… pero esta vez sin suelo que pisar.

Todo lo que sucedió a partir de aquel momento… Es un secreto…

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.