Cortando césped

Hace algunos años comprendí la importancia de la atención en nuestras vidas, sobretodo el valor que tiene la atención consciente. Fue haciendo algo tan “mundano” como segando hierba con una cortadora de césped. 

Era casi verano, y hacía un calor considerable. Sobre las cinco de la tarde salí a cortar el césped, una labor que me tocaba realizar como voluntario en una casa en la montaña. Me sentía algo cansado y agobiado por el calor. Cada paso que daba arrastrando la cortadora de césped se me hacía más pesado. Pensé que no terminaría mi trabajo aquel día.

De un modo natural y sin pensar en ello, puse más atención a mi labor, centrándome en la misma, ya que lo adecuado sería avanzar todo lo que pudiera, para así poder dedicarme a otros quehaceres y no dejar a medias mi rutina de trabajo.

Poco a poco puse más atención en el acto de cortar césped, y me di cuenta que, de algún modo, comenzaba a tener más energía. Me sorprendió sentirme más enérgico porque aceleré el ritmo de trabajo. Observé con más atención y me percaté de que exclusivamente estaba ocupado de la faena que hacía, no identificándome con los pensamientos que surgían. Estaba atendiendo al instante, en este caso, a cortar césped y nada más que a cortar césped.

Después, reflexionando sobre esta experiencia, comprendí algunas cosas sobre la atención consciente.

Uno de los elementos básicos de nuestra experiencia de la vida es la atención. Allá donde ponemos nuestra atención estamos volcando nuestra energía. Si ando disperso con varias cosas a la vez, como por ejemplo trabajar mientras pienso en ir al mercado a comprar, estoy derrochando mi energía, porque me sumerjo en fantasías y no estoy atento al acto de trabajar que es el momento presente. Está bien y es necesario planificar lo que haré, pero el acto de planificar ha de ser un acto del momento, y no un ejercicio intelectual que se realiza mientras me ocupo de otras cosas.

Mi comprensión fue que perdemos mucha energía a lo largo del día sin darnos cuenta, sobretodo porque no nos hacemos del todo conscientes del instante. Nos dejamos arrastrar por los estados psicológicos, como por ejemplo la ira, el orgullo, etc. Proyectamos dichos estados de tal modo que, no solo derrochamos la energía, sino que no experimentamos la auténtica realidad de las circunstancias.

Por este motivo es vital cultivar la atención consciente. Cuando nos hacemos conscientes estamos reconociendo qué estamos experimentando interiormente, y a su vez, en qué circunstancia me encuentro. Es así como penetramos en la realidad interna. En ésa profundización abrimos el espacio consciente, lo que en esencia somos. Es así como, más allá de las creencias y los filtros psicológicos que ponemos ante lo que experimentamos, nos ubicamos en las infinitas posibilidades del presente.

Cuando experimentamos dichos niveles de integración nos damos cuenta de algo muy sencillo y no por ello menos interesante que otras cuestiones: si atendemos conscientemente, sabemos qué experimentamos. Si sabemos qué experimentamos, reconocemos lo que somos. Cuando reconocemos lo que somos, somos en el presente. Y cuando somos en el presente, sabemos qué Hacer en el presente.

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